Cambio Radical optó por no jugarse una sola carta y dejó a sus fichas en libertad: sus militantes podrán alinearse con Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella, en una decisión que refleja más cálculo político que cohesión interna. El único límite fue claro: nada de respaldos a Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico.
En esa jugada, las señales dentro del partido ya venían marcadas. El sector más cercano a Germán Vargas Lleras se inclina hacia Valencia. Voces como la de Carolina Arbeláez, ficha del vargasllerismo, empujaron esa línea. Sin embargo, no todos están en la misma página: el senador Carlos Motoa ha jugado abiertamente con De la Espriella, incluso desde campaña pasada.
Del otro lado, la poderosa casa Char mueve sus propias fichas. Aunque sin anuncio oficial, el guiño hacia De la Espriella es evidente. La adhesión del futbolista Teófilo Gutiérrez —símbolo del Junior, equipo insignia de ese clan— terminó de reforzar la lectura política: en la costa, el respaldo va tomando forma.
El pulso no ocurre en solitario. En paralelo, el Partido Conservador Colombiano oficializó su apoyo a Valencia, una movida esperada luego de que De la Espriella cerrara la puerta a los partidos tradicionales. Un día antes, el Partido de la U también se montó en esa campaña, aunque con fisuras internas como la del senador Antonio Correa, quien se desmarcó hacia Cepeda.
Mientras tanto, el Partido Liberal Colombiano empieza a mostrar grietas: la adhesión de María Paz Gaviria, hija de César Gaviria, apunta hacia Cepeda. Y en la Alianza Verde, un acuerdo programático para respaldarlo desató una fractura interna que deja en evidencia que la reconfiguración política ya no es silenciosa: se está dando en público y sin matices.