En los pasillos de la Gobernación del Tolima, todos lo conocen: Jeisson Yara, o como muchos lo llaman, “Wow”. Con su silla de ruedas y una energía que contagia, siempre llega temprano, listo para trabajar y tender una mano a quien lo necesite.
Entre anécdotas, recuerda con humor el día de un temblor: “Me dio tanto miedo que casi se me olvida que estaba en la silla de ruedas… por poquito camino”, dice entre risas, mientras sus compañeros celebran la ocurrencia.
Pero detrás de cada esfuerzo hay una motivación enorme: su mamá. “Lo más importante en mi vida es ella. Madrugo, trabajo y todo lo hago pensando en mi mamá”, asegura con emoción.
Para Jeisson, el trabajo no es una rutina, es una pasión. “Lo que más me gusta es poder ayudar a mis compañeros con las cuentas de cobro”, dice convencido de que aportar a los demás es su mayor satisfacción.
“La discapacidad está en la cabeza”, afirma con firmeza. Hoy, agradece a la gobernadora Adriana Magali Matiz por abrir puertas y generar oportunidades para las personas con discapacidad.
La historia de Jeisson Yara nos enseña que la fortaleza no está en lo que nos limita, sino en la actitud con la que decidimos enfrentar la vida.