El Gobierno retiró al exjefe paramilitar su condición de gestor de paz, una figura que le había otorgado la administración Petro. La decisión tiene un ingrediente particular: Mancuso y De la Espriella se conocen desde la infancia y compartieron colegio en Montería.
El Gobierno de Abelardo de la Espriella puso fin a la designación de Salvatore Mancuso como gestor de paz, una de las figuras más polémicas de la política de paz del anterior Gobierno.
La decisión quedó consignada en la resolución 429, firmada el 21 de septiembre, mediante la cual el Ejecutivo retiró formalmente la designación que había recibido Mancuso durante la administración de Gustavo Petro.
La resolución invoca las facultades constitucionales y legales del presidente para dirigir la política de paz y preservar el orden público. La medida hace parte de una serie de decisiones con las que el nuevo Gobierno viene desmontando designaciones y estructuras asociadas a la política de paz de Petro.
Pero en este caso hay una historia que hace que la decisión tenga un componente particular.
Mancuso y De la Espriella se conocían desde antes de la política
Mancuso y De la Espriella estudiaron en el colegio La Salle de Montería. Aunque existe una diferencia de edad de alrededor de diez años, ambos tuvieron una relación de amistad durante su juventud.
A los 26 años, cuando comenzaban los diálogos entre las Autodefensas Unidas de Colombia y el Gobierno de Álvaro Uribe, De la Espriella participó en la organización de foros universitarios relacionados con ese proceso.
En esos encuentros participaron antiguos jefes paramilitares como Ernesto Báez y el propio Mancuso. Estudiantes recibieron transporte y alojamiento para asistir a las jornadas en las que los excomandantes exponían sus posiciones sobre el proceso de desmovilización.
Décadas después, la relación tomó un giro completamente distinto: uno llegó a la Presidencia y el otro terminó convertido en uno de los principales protagonistas de la política de paz del Gobierno que lo antecedió.
El otro vínculo: el abogado de Mancuso que terminó cerca del Gobierno
Hay además otro nombre que conecta las dos historias.
Carlos Suárez, estratega de la campaña presidencial de De la Espriella, amigo del mandatario y actualmente presidente de la junta directiva de Ecopetrol, fue abogado de Mancuso durante la primera década de este siglo.
La coincidencia no implica por sí misma una actuación irregular, pero sí hace parte del contexto que rodea la decisión del Gobierno de retirar a Mancuso la condición que le había concedido Petro.
La figura de gestor de paz fue utilizada por el anterior Gobierno como parte de su estrategia para buscar acercamientos con distintos actores armados. En el caso de Mancuso, la apuesta buscaba que el exjefe paramilitar contribuyera al esclarecimiento de hechos relacionados con el conflicto y a la búsqueda de información para las víctimas.
Sin embargo, su designación enfrentó obstáculos jurídicos. La Corte Suprema había advertido que el nombramiento no podía convertirse en un mecanismo para otorgarle libertad extraordinaria ni desconocer los derechos de las víctimas o las medidas judiciales vigentes.
Además, el Consejo de Estado había cuestionado recientemente la base jurídica de su designación.
Ahora, con la resolución firmada por De la Espriella, Mancuso deja oficialmente de ser gestor de paz.
La decisión marca otro capítulo del desmonte de la política de “Paz Total” de Petro, pero también deja una particular escena política: el presidente que hoy elimina la condición de gestor de paz de Mancuso es el mismo hombre que lo conoció desde joven y que, décadas atrás, participó en escenarios donde el exjefe paramilitar hablaba sobre la desmovilización de las AUC.