Don Norberto Fernández, líder comunitario del sector del Cañón de las Hermosas en Chaparral, compartió con Tolima en Grande cómo las comunidades rurales del sur del Tolima enfrentan el enjambre sísmico que no cesa desde el pasado 20 de septiembre. Entre noches sin dormir, problemas de comunicación y la memoria fresca del terremoto del 10 de agosto, estas comunidades apelan a la fe, la organización comunitaria y la esperanza para resistir.
Redacción Tolima en Grande
Mientras las cifras oficiales reportan más de 439 sismos registrados por el Servicio Geológico Colombiano en el Tolima entre el 20 y el 23 de septiembre, en las veredas más apartadas del Cañón de las Hermosas, los habitantes llevan una cuenta diferente: “más de 500 temblores”, según relata don Norberto Fernández, líder comunitario de la vereda El Escobal, quien conversó con Tolima en Grande sobre la angustia que viven las comunidades rurales del sur del departamento.
“Nos tiene al borde de los nervios”
La voz de don Norberto transmite la preocupación de una región que nunca había enfrentado una situación así. “Estamos preocupados, pero también con la fe puesta en Dios. Estos sismos nos han tenido al borde de los nervios. No es fácil superar toda esta situación, más cuando la región nunca había vivido este tipo de consecuencias”, afirma el líder comunitario desde su vereda, ubicada a cinco horas de camino de la cabecera municipal de Chaparral, muy cerca de la zona amortiguadora del Parque Nacional Natural Las Hermosas.
El enjambre sísmico comenzó el domingo 20 de septiembre a las 4:55 de la mañana con un sismo “bastante fuerte”. Luego, cerca de las 11:00 a.m., se repitió otro movimiento telúrico de similar intensidad. “De ahí en adelante se empezaron a presentar sismos continuos hasta la fecha”, recuerda don Norberto.
Sismos cada 5 minutos: “Las noches son eternas”
La frecuencia de los temblores es lo que más angustia a los habitantes de la zona. Según el líder comunitario, en los últimos días los eventos sísmicos han sido prácticamente continuos:
“Aquí estamos llevando unos eventos cada cinco minutos, cada diez minutos, cuando más se prolonga el tiempo. En el sitio donde yo vivo, en la vereda El Escobal, se pueden presentar en cinco minutos dos o tres eventos sucesivamente”, explica.
Las características de estos sismos los hacen particularmente perturbadores: “Son remezones fuertes pero muy breves, máximo tres segundos, pero son totalmente fuertes. Han sido noches eternas, y lo podemos decir porque es natural que uno, con los nervios y la angustia por todo lo que se vivió en el terremoto del 10 de agosto, se imagine muchas cosas”.
Dormir con un ojo abierto
La pregunta sobre cómo logran conciliar el sueño revela la crudeza de la situación. Don Norberto es honesto: “Seríamos un poco mentirosos si dijéramos que no nos preocupa. Las noches son muy eternas, por así decirlo”.
Sin embargo, encuentra un elemento que les da cierta tranquilidad: la infraestructura de la zona. “Es muy diferente estar en una ciudad que estar en el campo, porque las infraestructuras que tenemos no son de muchos pisos. Sencillamente, la mayoría, por no decir el 100%, son de un piso. Son habitaciones algunas muy humildes, pero que hasta el presente se han comportado bien. No hemos tenido afectaciones a la infraestructura que nos permitan tener cosas lamentables”, explica.
No obstante, sí reconoce que algunas viviendas han empezado a presentar fisuras, especialmente aquellas que ya habían sufrido daños durante el terremoto del 10 de agosto de 2026.
Incomunicados por los incendios forestales
La situación se agrava por un factor que pocos conocen fuera de la región: los incendios forestales que han afectado el casco urbano de Chaparral y sus alrededores también han dañado la fibra óptica, dejando a las comunidades rurales sin señal de comunicación por períodos prolongados.
“La situación es compleja porque estamos en una zona donde, por todos esos fenómenos de incendio que han ocurrido cerca de Chaparral, han afectado la fibra óptica y por ende no hemos tenido señal en algunos momentos. En más de un día no hemos tenido señal, entonces todo se torna más difícil para poder estar en contacto con los vecinos, con las comunidades, con la región y por supuesto con la familia”, relata don Norberto.
Esta incomunicación genera angustia adicional en las familias, que no pueden confirmar si sus seres queridos están bien o si han ocurrido emergencias en otras veredas.
Visita técnica y ubicación del epicentro
Pese a las dificultades de comunicación, las autoridades han logrado llegar a la zona. Don Norberto confirma que ayer hubo una visita técnica de un geólogo de Cortolima, personas de la Universidad del Tolima y del equipo de Gestión del Riesgo del municipio de Chaparral.
“Lo que hemos sabido al momento es que el epicentro de esta situación está ubicado en la vereda Vega Chiquita”, informa el líder. Esta vereda se encuentra a unos 20 kilómetros de Chaparral, mientras que la vereda El Escobal, donde vive don Norberto, está a unos 40 minutos en vehículo desde la cabecera municipal, aunque el acceso desde la parte alta donde él reside implica cinco horas de camino.
La geografía de la zona es particularmente compleja: “Esta es una geografía bastante quebrada, una topografía muy compleja. Estamos entre el río Davis y el río Amoyá, y por supuesto el cañón como tal nos conduce hacia la parte alta”, explica. Esta configuración geográfica hace que las ondas sísmicas se enfoquen en la zona, generando los fuertes ruidos que escuchan los habitantes.
Fe, organización comunitaria y llamado a la calma
Ante la incertidumbre, las comunidades han recurrido a lo que siempre las ha sostenido: la fe y la organización comunitaria. “Estamos haciendo cadenas de oración porque Él es el que tiene la última palabra. Dios nos protege cada día”, afirma don Norberto.
Como líder comunitario, hace un llamado importante a evitar la desinformación: “Siempre que ocurren eventos de cualquier naturaleza, se dan muchas especulaciones, en su mayoría inacertadas. La invitación a los líderes y a las personas es que puedan transmitirle a sus comunidades informaciones acertadas para que esto no conlleve a una desesperación más. Es muy importante tener en cuenta la salud de nuestros habitantes”, enfatiza.
Un enjambre impredecible
Sobre las causas del fenómeno, don Norberto comparte lo que las autoridades les han explicado: “Esto se genera a raíz de este enjambre de sismos que no sabemos cuándo pueda terminar, que es también posiblemente lo más acertado. La desunión de las placas tectónicas que buscan establecerse como tal”.
La incertidumbre sobre cuándo cesarán los temblores es otro factor que genera ansiedad en la comunidad. “Ahí estamos, haciendo un ejercicio que permita que en su mayor parte no puedan haber afectaciones humanas”, concluye el líder.
La voz de las comunidades rurales
El testimonio de don Norberto Fernández pone rostro y voz a una realidad que a menudo queda invisibilizada en las grandes coberturas mediáticas: la de las comunidades rurales que enfrentan las emergencias con menos recursos, menos acceso a información oportuna y mayores dificultades de comunicación, pero con una resiliencia y organización comunitaria que les permite resistir.
Mientras las autoridades monitorean la situación y los organismos de socorro mantienen la alerta, en las veredas del Cañón de las Hermosas las familias siguen orando, organizándose y apoyándose mutuamente para enfrentar cada nuevo temblor, cada nueva noche eterna, con la esperanza de que pronto la tierra encuentre su calma.
