El Partido Conservador Colombiano no se guardó nada y, por unanimidad, alineó su bancada y su Directorio Nacional detrás de Paloma Valencia. Una decisión que, más que sorpresa, confirma la ruta que venían marcando: entre la senadora uribista y Abelardo de la Espriella —quien ha cerrado la puerta a los partidos tradicionales—, los azules optaron por jugar a lo conocido.
“El partido se mantiene donde siempre ha estado”, dijeron en comunicado, dejando claro que no hay giro de última hora sino continuidad política. Con este movimiento, Valencia sigue sumando a la coalición de los tradicionales: ya cuenta con el respaldo del Partido de la U y empieza a pescar en el Partido Liberal Colombiano, donde la adhesión de María Paz Gaviria —hija de César Gaviria— marca una señal política relevante.
Pero más allá del anuncio, lo clave estuvo en la cocina interna. El conservatismo llega con músculo: 10 senadores y cerca de 1,8 millones de votos en marzo. En esa balanza, pesaron voces como los Díaz Mateus en Santander y la representante Juana Carolina Londoño, que empujaron el respaldo a Valencia.
En el debate también jugó un papel clave David Barguil. El excandidato presidencial y expresidente azul había mostrado dudas, pero el puente con figuras del uribismo cercanas al gobierno de Iván Duque —como María del Rosario Guerra y Daniel Palacios— terminó inclinando la balanza.
Mientras tanto, su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, sigue en terreno, tejiendo con sectores conservadores y uribistas. La campaña se mueve, pero el mensaje de los azules ya quedó claro: esta vez, se la juegan con Valencia.