A los 100 años se apagó la vida de Octavio Isaza, un nombre que para cientos de familias en Ibagué fue sinónimo de fe, alivio y segundas oportunidades. Durante décadas, personas que llegaban a su centro sin poder caminar salían no solo con avances físicos, sino creyendo de nuevo en la vida.
Conocido cariñosamente como Don Octavio, fue mucho más que un kinesiólogo. En su espacio ubicado en la carrera 40 con Ferrocarril, levantó un lugar que muchos describían como casi sagrado. Allí atendió a pacientes con fracturas, secuelas de accidentes cerebrovasculares y discapacidades físicas, devolviendo movilidad con sus manos firmes y serenidad con su palabra pausada.
Antes de dedicarse a sanar cuerpos, Don Octavio vivió una historia intensa. Fue boxeador y luego entrenador internacional en Estados Unidos, experiencia que marcó su carácter y disciplina. Al regresar a Colombia, decidió radicarse definitivamente en Ibagué, ciudad que terminó adoptándolo como uno de los suyos y que hoy lo despide con profundo respeto.
El pasado 9 de diciembre había celebrado su siglo de vida lúcido, querido y reconocido como ese último recurso al que muchos acudían cuando todo parecía perdido. Su partida deja un vacío enorme entre pacientes, familias y ciudadanos que encontraron en él no solo un sanador, sino un guía humano, cercano y solidario.
Las exequias de Don Octavio Isaza se realizarán este lunes 2 de febrero de 2026, a las 3:00 de la tarde, en la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá, en el barrio Piedra Pintada. Ibagué despide hoy a un hombre que dedicó su vida a levantar cuerpos… y almas.