Tras jornadas intensas de contención, el departamento logra disminuir la cantidad de emergencias. Sin embargo, la cicatriz ambiental es profunda y las autoridades advierten sobre los peligros de las prácticas de “combate con fuego” por parte de la comunidad.
El departamento del Tolima respira con mayor tranquilidad, pero las heridas en el territorio son evidentes. Gracias a la articulación entre la Secretaría de Ambiente y Gestión del Riesgo, los organismos de socorro y las administraciones municipales, la cantidad de incendios forestales activos se ha reducido a 17 focos, un avance significativo frente a las cifras de días anteriores.
No obstante, el balance de la emergencia es contundente: cerca de 11.000 hectáreas de vegetación han sido consumidas por las llamas. Esta cifra marca el inicio de una nueva y compleja etapa para la Gobernación del Tolima: la recuperación del territorio y el apoyo a las familias rurales que vieron afectados sus cultivos y medios de sustento.
La advertencia: “Combate con fuego” solo para expertos
Uno de los hallazgos más preocupantes durante la emergencia ha sido la forma en que algunas comunidades intentan controlar las llamas. La secretaria de Ambiente y Gestión del Riesgo, Erika Lozano, hizo un llamado urgente a la prudencia, señalando que las prácticas ancestrales mal ejecutas están agravando la situación.
“Lo que hemos podido ver en todo este ejercicio es que se tiene una práctica que, aunque es ancestral, se debe realizar con muchísima responsabilidad. La comunidad tiene la costumbre de combatir el fuego con fuego y esto puede hacer que también se propague”, explicó la funcionaria en declaraciones a medios nacionales.
Lozano enfatizó que el manejo integral del fuego es una tarea de alto riesgo que debe ser ejecutada exclusivamente por personal especializado. “Estos son mecanismos que realmente solo deben ser manejados por expertos”, advirtió, señalando que la intervención improvisada de civiles cerca de las llamas puede, en ocasiones, dificultar las labores profesionales de contención.
El costo oculto: recursos desviados en los municipios
Más allá del daño ambiental, la emergencia ha generado un fuerte impacto económico en las arcas municipales. Para atender la logística de la emergencia, muchos alcaldes se vieron obligados a desviar recursos que estaban presupuestados para otras necesidades vitales de sus comunidades.
“Los alcaldes tuvieron que destinar unos recursos importantes para todo el tema logístico de las unidades que se desplazaron, para poderles atender sus apoyos en alimentación, alojamiento y transporte”, detalló la secretaria Lozano.
El siguiente desafío: la recuperación ante la sequía
Con el fuego bajo control en la mayoría de las zonas, el foco de la administración departamental se traslada ahora a la reconstrucción. El objetivo es implementar una respuesta que vaya más allá de la ayuda humanitaria inmediata, buscando recuperar las condiciones de vida de las familias campesinas, un reto que se agrava ante el pronóstico de mayor sequía para los próximos meses.
“Gracias a todo el apoyo que hemos recibido, el departamento del Tolima está saliendo avante y ahora nos viene es la recuperación frente a todas estas situaciones”, afirmó Lozano.
La Secretaría de Ambiente cierra su mensaje con un llamado ineludible a la ciudadanía: es momento de tomar conciencia, usar el agua de manera responsable y detener las prácticas indebidas de quema que están llevando al departamento al límite de su capacidad de respuesta.
